Rodolfo Maurino: legado, vocación y la evolución de una pasión que marca el territorio

martes 5 mayo 2026

Aunque el calendario ya dejó atrás el 23 de abril, el espíritu del Día del Agrimensor resonó con fuerza en los estudios de FM del Sol gracias a la visita de Rodolfo Maurino. Hijo de un referente de la ingeniería y la agrimensura en nuestra ciudad, Don Heriberto Maurino, Rodolfo compartió con calidez y sabiduría el significado profundo de su profesión y los lazos que lo unieron a ella desde temprana edad.

Con la voz cargada de historia, Rodolfo recordó cómo la Federación de Agrimensores de Argentina instituyó aquel 23 de abril de 1963, fecha en que La Rioja reconoció al agrimensor como oficial público, marcando un hito en la valoración de su rol. Para él, la definición es clara y esencial: el agrimensor es el profesional encargado de dar forma tangible a los límites, de medir con precisión y de registrar en el catastro la esencia de nuestro territorio.

Pero la agrimensura no es solo números y planos; es una disciplina con raíces ancestrales. Rodolfo nos transportó a civilizaciones milenarias, desde la antigua Babilonia hasta el Egipto de las crecidas del Nilo, donde la necesidad de restablecer límites borrados por la naturaleza dio origen a los primeros «trazadores de la tierra». Aquellos pioneros, con herramientas rudimentarias como mojones de madera o piedra, sentaron las bases de una profesión que el Imperio Romano consolidaría, bautizándola con el nombre que perdura hasta hoy.

«Todo terreno está registrado a través del agrimensor», afirmó Rodolfo, subrayando la trascendencia de su labor para garantizar el derecho de propiedad, ya sea público o privado. Es el agrimensor quien traduce ese derecho escrito al lenguaje tangible del territorio, plasmándolo en planos de mensura que nutren los catastros municipales y provinciales, llegando incluso a conformar el catastro nacional.

La conversación viró hacia la fascinante evolución de las herramientas de trabajo. Desde el teodolito y la cinta de medir de sus inicios, pasando por la estación total, hasta la irrupción de la tecnología GPS, Rodolfo describió un camino de progreso donde la precisión se ha multiplicado exponencialmente. Con una sonrisa, desestimó la exactitud de las aplicaciones de celular, resaltando la necesidad de equipos sofisticados para alcanzar las precisiones centimétricas que exige su profesión.

Un momento particularmente emotivo llegó al evocar sus primeros pasos en el campo, acompañando a Don Heriberto. Aquellas jornadas de aprendizaje, «pateando» el terreno con la cinta y el teodolito, sembraron en él un «gusto» por la agrimensura que lo llevaría a estudiar y a abrazar la vocación paterna.

Recordó con cariño Luis Garcia, un ejemplo de que la pasión no tiene edad, quien se recibió de ingeniero agrimensor a una edad avanzada. Y al hablar del presente, mencionó con orgullo a Federico Piancatelli, su socio y el continuador de su legado en El Trébol y la zona, tras su merecida jubilación.

Rodolfo también reflexionó sobre cómo ha cambiado la percepción de la agrimensura. Si antes la delimitación de un inmueble no siempre era prioritaria, hoy la precisión es fundamental, evitando incluso conflictos legales. Además, destacó la labor constante del catastro en la actualización de planos, lo que implica un reconocimiento continuo de la importancia de su trabajo.

Con una pincelada de nostalgia, Rodolfo evocó aquellos tiempos donde el agrimensor era esperado en el campo con hospitalidad, compartiendo tortas y chorizos tras largas jornadas de medición. Una postal de una época donde el vínculo con la tierra y sus habitantes era quizás más pausado y personal.

La visita de Rodolfo Maurino a FM del Sol fue mucho más que una entrevista por el Día del Agrimensor. Fue un viaje a través de la historia de una profesión esencial, contada con la pasión de quien lleva en su ADN el amor por la tierra y la precisión que le da forma. Su testimonio nos recordó que detrás de cada límite trazado, de cada plano registrado, hay una historia de dedicación, evolución y un profundo respeto por el territorio que habitamos.