La odisea del matrimonio Bosio y Boggino en el Monte Cervantes

jueves 7 mayo 2026

El 21 de enero de 1930, el imponente trasatlántico de origen alemán Monte Cervantes  navegaba por las aguas del canal de Beagle, no muy lejos de la ciudad de Ushuaia. En sus suntuosas instalaciones llevaba a unos 1117 pasajeros que disfrutaban de una travesía turística que había salido el 15 de enero de 1930, del puerto de Buenos Aires.

Entre los tripulantes se encontraban el matrimonio de El Trébol Miguel Bosio y su esposa Juana Boggino.

La embarcación Pasó frente a Mar del Plata e hizo escalas, aparentemente demasiado breves, en Puerto Madryn y Punta Arenas. El 21 de enero de 1930, el Monte Cervantes hizo escala de 15 horas en el pueblo de Ushuaia, que contaba con 800 habitantes.

El 22 partió de Ushuaia con destino a bahía Yendegaia (Chile). No se sabe si por decisión del Capitán o del piloto Rodolfo Hepe, en lugar de llegar hasta el faro Les Eclaireurs, se utilizó el paso del mismo nombre, chocando contra un bajo fondo.

Se escuchó un fuerte rasguido en la quilla, que produjo una abertura e inundó rápidamente las bodegas y los camarotes más bajos. La proa se levantó, el buque se inclinó de babor bruscamente y comenzó a hundirse. El Capitán reaccionó rápidamente y antes de que se quedara sin motores, llevó al buque hasta los islotes Les Eclaireurs donde lo encalló; de esa forma la tripulación pudo bajar los botes salvavidas y salvar a todos los pasajeros.

El barco de carga Vicente López respondió al S.O.S. y comenzó a cargar a los pasajeros que encontraba en su camino. Todos los náufragos pudieron ser rescatados en el mismo día pero debieron esperar una semana a que el buque Monte Sarmiento los viniese a recoger y los llevase nuevamente a Buenos Aires. En Ushuaia no había más que una pensión con cuatro camas y los náufragos debieron repartirse en diferentes casas de familia, el patio del presidio (incluso se techó el patio), depósitos, etc. Los presos donaron mediante un comunicado la mitad de su ración de comida.

De regreso,  Miguel y Juana exhibiendo las fotografías que habían aparecido en Caras y Caretas, y fueron  durante semanas el centro de la atención de los vecinos del pueblo mientras relataban las peripecias vividas.

Durante el viaje Miguel y su esposa enviaron una tarjeta su amigo Sebastian Salamano