La capilla Santa Rita no es sólo un lugar de culto, es un testamento vivo de fe, perseverancia y el arraigo de una comunidad a sus raíces. Su historia, repleta de anécdotas y esfuerzo personal, fue rescatada en una entrevista realizada en 1992 por Jorge Meynet al ya fallecido Alfonso Marinelli, el hombre que con sus propias manos levantó la actual estructura.
De la ermita original al esfuerzo de Alfonso Marinelli
Para entender la profunda devoción que impulsó la construcción de la capilla, debemos remontarnos a los albores del siglo XX. La historia comienza con Francisco Bertole, pionero que llegó a estas tierras en 1891 y se estableció en El Trébol con su negocio de fonda. De su matrimonio con Rita Gilli, nacieron cuatro hijos: Miguel Ángel, Lorenzo, Corina y Emilia.
Aquella primera edificación, ubicada en lo que hoy es calle Belgrano y Santa Rita, fue un símbolo de la fe de los Bertole. Sin embargo, con la partida de la familia de El Trébol en 1901, la ermita quedó sin mantenimiento y, con el tiempo, sucumbió al olvido, convirtiéndose en ruinas.
Es aquí donde emerge la figura de Alfonso Marinelli. En la entrevista de 1992, con una voz cargada de recuerdos, Alfonso narró cómo su padre, un hombre de profunda fe, le hizo un pedido que cambiaría el paisaje del barrio.
«La capillita ya se estaba desmoronando, así que mi papá me pidió que la levante nuevamente.»
El lugar elegido fue a una cuadra, en la calle Belgrano y África, frente a su propia vivienda.
Dos años de sembrar fe y ladrillos
El relato de Marinelli conmueve por su simpleza y la magnitud de su esfuerzo. «La primera capilla la hizo construir él [Bertole] ésta la construí yo», recordó con humildad. Durante dos años, entre 1943 y 1945, Alfonso se dedicó en cuerpo y alma a esta obra de fe. No fue un encargo pagado; fue una devoción. Él mismo sembraba maíz, papas y camotes en las cuatro cuadras circundantes a su vivienda, vendía sus cosechas a las verdulerías de la zona y, con el dinero que le sobraba, compraba los ladrillos necesarios.
«Dos años me llevó hacerla», evocó, dejando entrever el sacrificio y la paciencia que implicó cada ladrillo colocado. Fue una historia de autogestión y compromiso que hoy se erige como un faro de la historia local.
La silueta actual: un testimonio de adaptación
Décadas más tarde, en 1992, Costante Depetris dio un paso fundamental para la preservación de la capilla al contratar a Víctor Deganutto para que construyera una cobertura integral de chapa. Esta intervención le brindó a la capilla Santa Rita su fisonomía actual, moderna pero respetuosa con su pasado. La veleta original del oratorio, un testigo silencioso de la historia, fue colocada con honor en la parte superior del techo, coronando el esfuerzo de generaciones.
La capilla Santa Rita es mucho más que un edificio; es un símbolo de la tenacidad y la fe de los habitantes de El Trébol. La emotiva historia de Alfonso Marinelli, quien con sus propias manos y el fruto de su trabajo construyó un legado, resuena hoy más que nunca, recordándonos que los grandes actos de devoción a menudo nacen de los gestos más humildes.









