En una época donde el concepto de «ordenador» era ajeno al grueso de la población y el acceso a la formación tecnológica era prácticamente nulo, un joven de El Trébol se convirtió en el primer programador de la ciudad. Miguel Ángel Foresi recibió a nuestro medio para compartir sus memorias de aquel tiempo, hace más de 50 años, cuando una máquina híbrida de escribir y calcular, la Olivetti Programma 203 (P203), llegó a la Caja de Créditos.
El ingreso a un «Mundo Soñado»
Foresi inició su vida laboral formal a los 18 años, pero su destino cambió drásticamente en mayo de 1974 cuando el Dr. Heredia padre, consejero de la Caja de Créditos, lo buscó para ofrecerle un puesto. «Uf, era un mundo realmente ni soñado siquiera, porque cada paso era descubrir algo nuevo», recuerda Foresi, haciendo hincapié en la falta de acceso a estudios especializados que había entonces.
Su curiosidad fue capturada de inmediato por la P203, una máquina que describe como algo que «parecía una máquina de coser» y que la Caja de Créditos había adquirido alrededor de 1972.
El desafío de las tarjetas magnéticas
La Olivetti Programma 203, precursora de la computadora personal, era una unidad de cálculo integrada con una máquina de escribir eléctrica. La clave de su operación radicaba en las tarjetas magnéticas.
«Lo que me llamaba la atención eran las tarjetas magnéticas», explica Foresi. «De una cara se podía grabar un programa y de la otra cara se grababa otro programa. O sea, en la misma tarjeta podías tener dos programas».
Al pasar la tarjeta por una ranura de la máquina, la información grabada en la banda magnética se transfería a la memoria, indicándole a la P203 qué tarea realizar, desde calcular el saldo en una caja de ahorro hasta llevar la contabilidad. El operador, por su parte, debía alinear manualmente las fichas de cartulina pre-impresas en el carro, como si fuera una máquina de escribir convencional.
De operador a programador por curiosidad
Foresi comenzó con la tarea de pasar datos para distintos movimientos contables. Tras dominar el manejo básico de la máquina, su curiosidad lo llevó más allá de la jornada laboral.
«Mi curiosidad iba más allá», confiesa. «Después que terminaba todo el trabajo, a veces a las 3, 4 de la tarde, me quedaba y empecé a probar, combinando símbolos, para ver si lograba un programa que tabulara solo».
La tabulación—la detención automática del carro en las columnas correctas de la ficha (fecha, debe, haber, saldo, etc.)—era un proceso que requería un programa específico. Foresi relata que, sin manuales ni tutoría, se dedicó a la experimentación: «No sé cuántos días estuve. Porque probaba y a lo mejor me tabulaba más lejos, más cerca, hasta que encontré el símbolo por la cantidad de espacio que tenía que tener».
Al lograr que la máquina tabulara automáticamente con una tarjeta de su creación, se lo mostró al contador Walter Forte, quien quedó «sorprendido» y avisó al gerente, Roberto Chiappero.
La capacitación clave y el legado
La proeza de Foresi significó un cambio radical. La Caja de Créditos contactó al programador que había desarrollado el software original en Santa Fe. «Me mandaron manuales, que aún los conservo,» dice con orgullo, «y contrataron a este hombre para que viniera los sábados a la mañana a enseñarme a programar».
Fueron solo cuatro o cinco sábados intensivos. El lenguaje de programación de la P203, como explica Foresi, era visual y complejo: «Eran todos signos… flecha abajo, flecha arriba, flecha al costado, porcentaje». No había palabras; solo símbolos que debían ser ordenados en planillas de programación.
Al dominar el arte de los símbolos, Miguel Ángel Foresi no solo optimizó los procesos de la Caja de Créditos, sino que se ganó un título que lo enorgullece: ser el primer programador de El Trébol.
Hoy, más de medio siglo después, su testimonio es un valioso recordatorio de cómo la curiosidad, el ingenio y el esfuerzo personal forjaron los cimientos de la tecnología en la región.
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El crecimiento de la Caja de Créditos pronto hizo que la Olivetti P203 resultara insuficiente. La institución daría un salto monumental con la adquisición de una computadora central de grandes dimensiones, una máquina que llevaría la automatización a un nivel completamente nuevo. En la próxima entrega, Miguel Ángel Foresi nos revelará los desafíos y la fascinante transición a la informática de gran escala.









