La fascinante historia de Hugo “Japo” Depetris y el comienzo de la informática bancaria en El Trébol

martes 5 mayo 2026

Pocos conocen la historia detrás del apodo «Japo» o la increíble travesía que llevó a Hugo Depetris a convertirse en una figura clave en la revolución tecnológica de la Caja de Créditos El Trébol. En una visita a los estudios de FM del Sol, Depetris desgranó anécdotas y detalles de una época en la que la informática era ciencia ficción y El Trébol fue pionero.

«El Japo», como lo conocen casi todos, reveló el origen de su apodo: «Jugábamos intercolegiales y unos chicos de Carlos Pellegrini me decían que era parecido al jugador Nº 5 de River, Osvaldo Pérez. Empezaron a decirme a Japo y quedó».

De los sueños en Rosario al ingreso a la Caja de Créditos

Con sus estudios secundarios finalizados y la imposibilidad de su padre de costearle la universidad, se abrió una puerta inesperada. Gracias a la relación de su padre, jefe de estación, con Esteban “Cacho” De Lorenzi, surgió la posibilidad de ingresar a la Caja de Créditos El Trébol. La idea inicial era que, tras un año de experiencia, podría trasladarse a una caja de créditos en Rosario para estudiar.

Hugo Depetris ingresó en 1976 a una entidad en plena expansión. «Entré haciendo un poco de todo, era el comodín», recuerda riendo, mientras menciona a sus compañeros de aquella época: Toto Chiapero (gerente), Walter Forte (tesorero), Tito Marioncini (contador), Pelusa Simonela, Omar Taborda, Graciela Bonetto, Mirta Verbena, Susana Iztuetta, y luego la incorporación de Bechi Aimetta y Miguel Baudino. Todo el trabajo era mayormente manual, con máquinas de escribir y calculadoras rudimentarias.

La máquina «piano» que revolucionó el banco

Poco después de su ingreso, la Caja de Créditos dio un salto tecnológico con la adquisición de una máquina que transformaría el manejo de las cuentas corrientes y cajas de ahorro. «Parecía un piano«, graficó Hugo, intentando describir un equipo que utilizaba un sistema de tarjetas programables. «Aceleraba los cálculos matemáticos, el ordenamiento por importe, por alfabeto… solucionó muchísimos problemas», destacó.

Miguel Foressi era el operador inicial de este novedoso sistema. Cuando Miguel fue enviado a Buenos Aires para capacitarse, Japo se encontró, de la noche a la mañana, a cargo del sistema. «Miguelito me enseñó dos días y al tercero ya estaba solo», cuenta. «Casi me quería volver a mi casa… volví a las once y media de la noche. Pero lo pude terminar». Esa noche marcó un antes y un después en su carrera. Su fascinación por la actividad de operador, aunque aún no programaba, lo llevó a quedarse fuera de hora, aprendiendo y consolidando su rol.

El nacimiento y expansión del Banco Horizonte: un faro de tecnología

Con el tiempo, la Caja de Créditos evolucionó para convertirse en el Banco Horizonte, una entidad que llegó a tener 36 sucursales, expandiéndose desde San Javier hasta Buenos Aires, pasando por San Francisco (Córdoba) y numerosos pueblos de la región como San Genaro, Centeno, Los Cardos, La Rosa, San Jorge y Sastre. «Era dinero que se volcaba en la región», subrayó Depetris, destacando el impacto positivo en la economía local.

La creciente demanda llevó a una nueva inversión en un equipo aún más potente: la marca Quantel. Con microprocesadores y cinco pantallas en línea, era «casi una red». Los cursos se hacían en Buenos Aires, en la planta de Bagley (importadores de la marca). Japo describe la máquina como «un lavarropas» en tamaño, con un disco rígido de 60 megabytes («hoy no te entra un video de un perrito», bromea) y discos removibles para guardar información vital del banco.

El salto IBM: El Trébol, precursor tecnológico en Argentina

A mediados de los 80, durante el gobierno de Alfonsín, llegó la inversión más audaz: la instalación de equipos IBM. «Cuando llegamos a IBM nos encontramos con que habíamos entrado a la NASA», relata Japo. La inversión fue histórica para El Trébol y la región, convirtiendo al Banco Horizonte en una de las pocas, si no la única, empresa con tal equipamiento en la provincia. El sistema de leasing permitió la constante actualización tecnológica.

Con IBM, el Banco Horizonte dio un salto cuántico, incorporando más personal y una estructura de centro de cómputo formal. El lenguaje de programación cambió a RPG, y la comunicación entre sucursales y Casa Central se agilizó vía módem, anticipándose a lo que hoy conocemos como redes. «El Banco Horizonte fue uno de los precursores de este tipo de centros de cómputo», afirma Depetris, recordando cómo bancos como el Carlos Pellegrini imitaron su modelo.

El legado y el retiro: del cuaderno a la era digital

Japo recuerda con asombro la velocidad de procesamiento lograda y la expansión de terminales, que soportaban hasta 40 operadores en línea. La gente de El Trébol, como Carlos Gariboldi, Adolfo Tajominski, Patricia Lassino y Daniel Chiapero, desarrolló sistemas que eran consultados por otros bancos importantes de la época.

La hiperinflación de Alfonsín puso a prueba los sistemas, llevando a eliminar decimales y miles en los números para poder operar con las cifras astronómicas. Hugo Depetris permaneció en el banco hasta poco antes de la aparición de Windows. Cuando las fusiones bancarias comenzaron, recibió una oferta para seguir, pero por consejo de sus amistades en IBM, decidió emprender por su cuenta.

Trabajó de forma privada para el banco durante la transición y luego montó su propio negocio informático, donde estuvo más de una década. Sin embargo, la imparable evolución tecnológica lo llevó a competir con gigantes como IBM y sistemas como Tango, haciendo insostenible su modelo de negocio.

«Yo le daba capacitación a chicos de las escuelas, de todas las escuelas iban, hubo unos años que tuvimos 500 o 600 alumnos  en las oficinas», rememora con nostalgia, contrastando la «locura» de manejar un equipo que hoy es superado por un celular. «La evolución ha sido tremenda, es un área que no tiene descanso y ahora con inteligencia artificial y todo lo que viene…».

Hugo «Japo» Depetris cerró la entrevista destacando el valor del equipo humano que, en la Caja de Créditos y luego en el Banco Horizonte, trabajaba incansablemente, incluso de madrugada, para procesar la información y tener todo listo para el día siguiente. Una etapa «superada, pero muy linda, muy importante», que marcó un hito en la historia de El Trébol y la banca regional.