En el marco de la celebración del Día del Sodero en Argentina, que conmemora la fundación de la Federación Argentina de Trabajadores de Aguas Gaseosas y Afines (F.A.T.A.G.A.) ocurrida un 10 de abril de 1957, desde nuestro archivo personal rescatamos la entrañable historia de Aurelio Marcos Baudino, un vecino que dejó una huella imborrable en el rubro de las bebidas en nuestra ciudad.
En una nota realizada en el año 2004, Baudino, hijo de Marcelo y Teresa Casas, oriundo de Hernando, provincia de Córdoba, compartió con nosotros su llegada a El Trébol y cómo se forjó su camino en el comercio local. Su padre inició un bar que tras pasar por distintos alquileres, adquirió un local ubicado en Av. Libertad 71, donde además del bar, decidieron incursionar en el mundo de la sodería.
Aurelio recordaba con detalle cómo recibían a través del tren los vinos en bordalesas, las cuales distribuían en Landeta, Piamonte, María Susana y diversos negocios de El Trébol. El resto del vino se almacenaba en barriles sobre caballetes, donde con un rudimentario taladro abrían un orificio para colocar una canilla y así servirlo en la barra.
“Me hago cargo del boliche el primero de mayo del año 60”, relataba Don Aurelio en aquella entrevista. “Y ahí empecé, dejé el reparto de vino. Como era muy amigo de Duilio Tagliatti, y yo en el bar vendía 100 sifones por día, le pedí que me hiciera precio. Entonces me dice que no me vende una máquina que tiene. Finalmente, le compré la máquina y 100 sifones viejos. Era una máquina de un solo llenador”.
La visión de Baudino lo llevó a comprender la demanda de sifones, especialmente entre los clientes que residían en la zona rural. “Entonces compré una máquina nueva con 500 sifones, después compré 3000 más. Y a cada colono le daba dos o tres cajones. O sea que terminó en sodería también. Llegó un momento que en verano eran 70, 80 cajones de soda por día. El que venía a buscar soda se quedaba a tomar un vino en el bar, los chicos compraban helados y gaseosas, y así se trabajaba. El nono Costantino era el que me hacía las sodas”.
La historia de Aurelio Marcos Baudino es un testimonio del esfuerzo, la visión comercial y el arraigo a nuestra comunidad. Su emprendimiento no solo abasteció de soda a los hogares y comercios de la región, sino que también dinamizó la actividad de su bar, convirtiéndose en un punto de encuentro para los vecinos.
En este Día del Sodero, recordamos con afecto a Don Aurelio y a todos aquellos que, con su trabajo diario, contribuyeron y contribuyen al desarrollo de esta importante actividad en la ciudad y la región Su legado perdura en la memoria de El Trébol.









