La memoria de un pueblo: el audaz asalto a la joyería de Dino Damiano en el año 1966

domingo 31 mayo 2026

30El 30 de agosto de 1966, la tranquila siesta de El Trébol se vio interrumpida por un hecho que marcó a la comunidad: un audaz asalto a la joyería de Dino Damiano. Hoy, la memoria de ese día vuelve a la vida a través del conmovedor relato de Alcides Aragno, quien fuera comisario en ese entonces. Su voz, capturada en una antigua entrevista para el ciclo “Archivo Personal” de Jorge Meynet, nos transporta a una época en la que los vecinos se conocían, y un hecho de esta magnitud era un suceso que ponía en vilo a todo el pueblo.

El día que la paz se rompió

A las 14:30, la calma de la calle América se rompió cuando un grupo de delincuentes irrumpió en la joyería de Damiano. El asalto, que parecía un simple robo, tomó un giro dramático cuando el dueño fue herido de gravedad en el abdomen. «La herida de Don Dino fue de extrema gravedad. Estuvo a un paso de la muerte», recordó Aragno, dándole a su relato un dramatismo genuino.

La huida de los asaltantes fue caótica y desesperada. El vehículo en el que escapaban se despistó al llegar a calle Córdoba, dejándolos a pie y obligándolos a tomar un nuevo rehén, Guillermo Fredes, y su antiguo coche Whippet para continuar la fuga. La policía, alertada, se movilizó de inmediato, iniciando una persecución de película. «Salen dos comisiones a buscarlos», explicó el excomisario, revelando la rapidez con la que se organizó el operativo.

Una persecución de película y la justicia triunfante

Dos equipos de oficiales se lanzaron en la persecución. Aragno, junto a Pocho Garnero, cuñado de la víctima, se dirigieron hacia Los Cardos, mientras que Domingo Gianinetti y Orlando Suárez tomaron rumbo a María Susana. Fue este segundo grupo el que logró cercar a los delincuentes. «Los capturan en unos baldíos tras entablarse un tiroteo», relató Aragno, describiendo la valentía con la que los uniformados se enfrentaron a los asaltantes.

El operativo fue un éxito. Los policías detuvieron a dos de los delincuentes de inmediato y a los otros dos unas horas después, recuperando la totalidad de lo robado.

La historia de El Trébol, contada por quienes la vivieron, nos recuerda que detrás de cada hecho hay personas, con sus miedos, su valentía y sus recuerdos. La voz de Alcides Aragno, que ya no está físicamente con nosotros, perdura como un tesoro, un testimonio de una época y de un hombre que dedicó su vida a proteger a su comunidad. Su legado, y el de todos los protagonistas de esa historia, permanece vivo en la memoria de un pueblo que valora su pasado.