La memoria de la explosión en la calle Salta 2141 de Rosario, el 6 de agosto de 2013, sigue viva como un doloroso hito en la historia de la ciudad. Sin embargo, en medio de la tragedia que se cobró la vida de 22 personas, un rayo de esperanza iluminó a la comunidad de El Trébol, que vio cómo tres de sus vecinos se salvaban de milagro.
Guillermo «Memo» Cerdá, un joven trebolense de 31 años que vivía en el sexto piso del edificio con su novia, fue uno de ellos. La fortuna quiso que saliera a trabajar unas horas antes de que la explosión, originada por una fuga de gas, destruyera por completo el complejo. Su novia, afortunadamente, pudo ser rescatada por los bomberos y fue hospitalizada con traumatismo de cráneo y fractura de mandíbula.
Javier Cicarrilli, otro trebolense de 26 años, también estaba en su trabajo en el momento de la explosión. Aunque su departamento, ubicado a solo 30 metros del edificio, sufrió la rotura de vidrios por la onda expansiva, él salió ileso.
Finalmente, la suerte también acompañó a Damián Brocca, quien vivía a dos cuadras del lugar. Brocca, que solía guardar su auto en la cochera del edificio siniestrado, no fue a retirarlo ese día. Su vehículo quedó sepultado bajo los escombros, pero él, por una providencial decisión, salvó su vida.
La historia de Guillermo, Javier y Damián se convirtió en un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, la vida puede darnos una segunda oportunidad. Sus historias, entrelazadas con el trágico suceso de Rosario, siguen siendo un testimonio de la resiliencia y la gratitud que la comunidad de El Trébol mantiene viva.









