Compartimos la nota que hace 11 años hacíamos a Ángel Meynet, hoy ya fallecido, cuando visitó la ciudad de El Trébol y nos contó sobre esta experiencia y porqué el argentino Enrique Febbraro instauró el 20 de junio como día del amigo.
Cinco santafesinos pudieron presenciar, en persona, nada menos que el viaje hacia una de las aventuras más grande del hombre en toda la historia de la humanidad, como fue la partida y el primer descenso y caminata sobre otro lugar que no fuera la Tierra.
Una de esas personas que estuvo en Cabo Cañaveral observando ese momento fue Ángel Meynet, un estudioso de la astronomía, fundador del Centro de Observadores del Espacio (CODE) de Santa Fe, quien estaba convencido de lo efímero de la vida de la cual había que tomar lo mejor. “En un congreso que asistí en las Islas Canarias un astrónomo me dijo que somos una estrella, porque nuestra constitución anatómica consta de los mismos elementos que contiene el sol y las estrellas, así que en cierto aspecto nosotros somos una estrella pensante”: nos comentó en su visita a nuestra ciudad, hoy ya convertido en una de esas estrellas que tanto miraba y admiraba.
Como Somos quiere compartir con ustedes lo que sintieron en ese momento y como Ángel Meynet nos lo relató e ilustró con fotos que nos trajo en aquella oportunidad.
Introducción
Así comenzó el relato de Ángel Meynet:
“Si algunos de ustedes fue testigo de la épica hazaña del 20 de Julio de 1969, al igual que yo, estará recordando y viviendo aquellos momentos inolvidables e imborrables en nuestra memoria. Para quiénes no han tenido esa oportunidad, va especialmente este relato, invitándolos a acompañarme al mismo escenario de los acontecimientos”.
“En la década del 60 Cabo Cañaveral era un triángulo de unas 7.000 desoladas hectáreas vírgenes, dueño de una magnífica y exuberante vegetación. En una maraña fantástica compuesta de palmeras, palmitos, helechos, mirtos, tomillos y casuarinas, se agitaba una fauna donde pululaban los caimanes y ofidios, además de una infinita variedad de aves e insectos. El Cabo está ubicado en la mitad de la costa atlántica de la Florida, y dista unos 350 kilómetros. al norte de Miami”.
«Enclavado en el Distrito Brevard, sin acceso pavimentado en los años de la década de los 50, para llegar al lugar había que viajar por una antigua, angosta y casi pantanosa ruta. Los pantanos, las ciénagas y la escasez de agua potable, eran otras de las características de la región». «Ninguno de los pobladores habría de imaginar ni remotamente, que pocos años más tarde todo aquello se convertiría en un Puerto Espacial».
«Un día de 1950, una Comisión altamente especializada llegó al lugar. Integrada por militares y civiles, probó el agua de la región, se internó en la espesura por tramos impenetrables, y visitó la antigua Base Aérea Patrick, abandonada y descascarada, donde un par de aviones estaban amarrados a caídos postes, invadidos por la maleza. Vegetación, alimañas y tortugas gigantes, eran los únicos testigos de todo aquello».
«La misión científica consideraba convertir el agreste Cabo, en el campo de lanzamiento de proyectiles más grande del mundo. En síntesis, Cabo Cañaveral se convirtió de pronto en un inmenso laboratorio con un campo de tiro de 8.000 kilómetros cuadrados de longitud. Un desfile constante de extraños aparatos, jamás vistos antes por la gente del lugar, comenzó entonces. Científicos y obreros de diversas especialidades, llegaban diariamente».
«La entonces adormilada comunidad de Cocoa Beach, surgió rápidamente a la luz. La gran aventura del espacio asomaba en el horizonte».
«Cuando en 1965 estuve en Cabo Cañaveral por primera vez para reportar el lanzamiento y vuelo de la Misión «Gemini 6″, quedé deslumbrado por aquel lugar y el mundo de la ciencia espacial, y me formulé entonces la fiel promesa de regresar cuando el Hombre se lanzara en pos de la Luna».
Apolo 11: Primer vuelo tripulado a la Luna

«La noche del 8 de Julio de 1969 salí del aeropuerto internacional de Ezeiza, en Buenos Aires, acompañado de mi hermano el periodista Omar Meynet junto a Olimpo Chiarelli, Cornelio Ross y el hijo del director del Canal 13 Marcos Bobbio».
«Por la mañana del día 9 llegamos a Miami. Por la tarde alquilamos un flamante Ford Galaxie 69 y el día 10 muy temprano emprendimos el inolvidable viaje a través de una ancha autopista».

Foto: Angel Meynet
«Pasamos por las localidades de Hollywood; Fort Lauderlade; Pompano Beach; Boca Ratón;Delray Beach; Palm Beach; Jupiter; Fort Pierce; Vero Beach, empalmando aquí con un camino que nos llevó a la antes mencionada ruta junto al Mar, la autopista A 1 y de allí a Cocoa Beach. Esta última es cercana al Centro Espacial, llamado desde la muerte el Presidente Kennedy, «Centro Espacial John F. Kennedy».
«En la Oficina de Protocolo de la NASA en el JFK, nos entregaron las credenciales correspondientes que aseguraban nuestra permanencia sin inconvenientes y el permiso sin restricciones para efectuar entrevistas; reportajes; tomar fotos; grabar; filmar y asistir a conferencias. Al atardecer del día 10, cruzamos Río Banana a través del puente, y nos dirigimos al corazón del Centro Espacial».

Foto: Ángel Meynet
«Allí, emergiendo del arenoso terreno, estaba el «templo» del Apolo. Es el «VAB» o Edificio de Ensamblaje Vertical (Very Assembly Building). En aquellos tiempos era el edificio más voluminoso del mundo. Sus dimensiones son 180 m. de altura por 217 m de largo, asentado sobre cimientos de concreto en base a columnas de 48 m. de profundidad. En su interior podían armarse 4 gigantescos cohetes Saturno 5 con sus respectivas naves Apolo».
«El Saturno 5, de 3 etapas, con los 3 módulos de la nave espacial Apolo alcanzaban los 111 metros de altura. La nave lunar Apolo estaba compuesta del Módulo de Mando; Módulo de Servicio y Módulo Lunar. Todo este complejo de cohete y nave espacial era extraído del interior del VAB por medio de una «oruga» mecánica, cuyas dimensiones equivalen (aún se usa para los Trasbordadores) a 1/3 de un campo de fútbol. Se mueve a razón de 1 km/hora, hasta la plataforma de lanzamiento ubicada a 5 kms. de distancia desde el VAB. La gigantesca máquina se desplaza sobre un camino especial de concreto de casi 3 metros de espesor».

Foto: Omar Meynet
«El día 11 en la mañana estuve en el interior del VAB. Estaban ensamblando las etapas del Apolo 12. Los módulos, a escasos metros nuestros, no se parecían a ningún vehículo volador fabricado antes por el Hombre. Pude contemplar el fantástico interior del Módulo de Mando».
«Esa misma tarde nos deslizamos por el camino desde el VAB hasta la plataforma de lanzamiento. Allí se erguía blanco y esbelto el Apolo 11 – Saturno 5 «al alcance de la mano». Lo filmamos en 16mm. y lo fotografiamos desde todos los ángulos».

en la Torre de Lanzamiento
Foto: Omar Meynet
«La plataforma de lanzamiento era una mole de cemento sepultada a 10 m. bajo tierra, que emergía 15 sobre el suelo. La «oruga» transportadora con el cohete y una torre de sostén, hacían un peso de 8000 toneladas, lo que justifica la fortaleza del camino y de la plataforma, pues esta debía soportar el embate del lanzamiento».
«La mañana del día 14, fue de cielo cubierto con nubes que presagiaban lluvia. Ese día a las 11 horas asistí a la primera conferencia del célebre Director del Centro Marshall de Vuelo Espacial y responsable del diseño del cohete Saturno V», quien me concedió una entrevista especial, durante la cual departimos sobre tareas inherentes a la misión lunar» y me pidió mi dirección particular, prometiéndome enviar un recuerdo». «Luego asistí a otras dos conferencias, esta vez junto a otros responsables de la misión y del Centro Espacial».
«El día 15 de Julio era el último día del Apolo 11-Saturno 5 sobre la Tierra. Lo visitamos por última vez a la tarde, pues por la noche comenzaba la peligrosa tarea de colmar sus etapas con combustible.
Por la noche miles de luces iluminaban al gran «pájaro blanco». como vulgarmente lo llamaban los técnicos y operarios que se agitaban junto al cohete realizando constantes chequeos. Una tormenta a la media noche, nos llenó de desaliento, pues podía posponerse la prueba. Felizmente en el Cabo las tormentas, aunque suelen ser violentas, son efímeras en la mayoría de los casos».
«Un hecho importantísimo y favorable ocurrió cuando en la Oficina Protocolar nos fueron entregadas las credenciales. Al oírnos hablar en momentos en que pasaba a nuestro lado, un científico de la NASA me preguntó en español…¿De donde eres…? De Argentina, le respondí. Al momento se presentó diciéndome que era cubano de orígen y que si necesitaba de él algo en que pudiera ser útil. Le dije que buscábamos un hotel, pues el más cercano disponible estaba a unos 100 kms. de distancia…Entonces, como si desde siempre fuéramos amigos, nos ofreció su casa. Carlos Díaz era su nombre. La buena suerte quiso que Carlos se convirtiera en el eslabón a través del cual llegué a conocer tantos pormenores de la misión».
El lanzamiento
«Cuando Carlos Díaz se despidió de nosotros el día 14, ya que hasta después del lanzamiento estaría en el Centro de Control del Lanzamiento que se halla contiguo al VAB, nos entregó una carta de presentación para estar, entre otras cosas, junto a la misma puerta donde a las 06:00 de la mañana del día 16, saldrían los astronautas camino al vehículo lanzador. Allí nos apostamos junto a un reducido grupo de personas de la NASA».

cuando pasan a pocos metros rumbo al vehículo que los llevará hacia la torre de lanzamiento.
«A las 06:15 pasaron frente a nosotros a escasos 2 metros y ataviados con sus trajes espaciales, Neil Armstrong; Michael Collins y Edwin Aldrin».
«Los astronautas nos saludaron con las manos en alto antes de subir al móvil que los trasladaría a 5 kilómetros de allí, dónde el Apolo 11 montado sobre el cohete Saturno 5 los esperaban. El cielo estaba tachonado de estrellas. La «W» de Casiopea estaba allí, invisible desde nuestras latitudes argentinas, la estrella Polar y las circunspolares del norte, eran objetos nuevos para nosotros. «Amanecía en Cabo Kennedy. La mañana se presentaba calurosa. Por las arenosas playas se advertía una movilidad constante. Fuera del Centro Espacial, entre este y Cocoa Beach, había unos 15 kms. de casas rodantes; carpas y observadores apostados algunos de ellos varios días antes».

Foto: Angel Meynet
«Ubicados en tribunas emplazadas para tal fin, gente de todo el Mundo se hallaba allí. El lanzamiento se podía observar desde 5 kilómetros como distancia mínima. Las tribunas se hallaban junto al VAB, a 50 metros adelante hay un lago que limita el paso y para el lanzamiento allí aguardábamos. Aunque mínimo, esos 50 metros nos parecía estar aún más cerca del vehículo lunar. Después comprendimos que las tribunas eran el mejor lugar por muchas razones. Una de ellas era que hacían de pantalla contra el Sol fuerte del verano».
Un gran reloj digital marcaba el paso de la cuenta maestra regresiva. Faltando 3 minutos, un silencio total envolvió al ambiente, hasta entonces ocupado por miles de voces. Los últimos 60 segundos parecían irreales. Creo que a todos nos asaltó el mismo pensamiento…¿y si fallara el disparo?…o ¿sucediera una explosión general del gran vector?…»
«Cuando la cuenta regresiva llegó al segundo 8 y descendiendo, el gran proyectil se puso en funcionamiento con el encendido de un verdadero ramillete de los 5 cohetes principales de la primera etapa; hasta el momento CERO, debieron transcurrir aún 3 segundos más (-3″), entonces las amarras metálicas que sostenían al Apolo-Saturno lo dejaron libre. En el momento de la salida la primera etapa consumía 14 toneladas de combustible por segundo».
«Asciende ahora la nave Apolo sobre el cohete Saturno con los 3 astronautas abordo. Un minuto después del lanzamiento, el blanco cohete es apenas un puntito en el cielo del Cabo. El lanzamiento se produjo a las 09:32 (hora Este). Sobre la plataforma lanzadora de cemento quedaba la torre de servicio, aún envuelta en una humadera gris de la combustión. A 500 metros de allí estaba otra torre de servicio que había sido retirada, para su resguardo de la intensa temperatura que emanaba de los gases incandescentes, en el momento del disparo. Esta torre fue una verdadera obra de ingeniería con una altura de 122 metros».
«Al cumplir la tercera órbita alrededor de la Tierra, una nueva cuenta maestra puso en funcionamiento a la tercera etapa del Saturno 5. Hasta entonces el Apollo viajaba a 8 kms/seg. de velocidad y esta 3ra. etapa le imprimió una velocidad de 11.2 kms/seg., que es la velocidad de escape. dirigiendo a la nave hacia una trayectoria lunar. Comenzaba así el verdadero viaje a la Luna».
«Durante el vuelo libre de 3 días, nuestra misión en el Centro Espacial fue recabar la mayor cantidad de informes sobre temas espaciales. En el Centro de Control en Texas, se seguía la travesía paso a paso. Pudimos ver por TV, cómo los médicos de los astronautas controlaban las funciones vitales de los 3 hombres en el espacio y hasta vimos un cardiograma de Armstrong por las pantallas».
«Describir las visitas realizadas a las casamatas de control, a los museos espaciales y laboratorios de la NASA, sería una prolongada tarea. Por ejemplo, estuvimos en el interior del laboratorio de pruebas en donde en Enero de 1967 murieron los astronautas White; Grisson y Chaffee, en un vuelo simulado dentro del Módulo de Mando del Apollo 1».
Llegada a la Luna
«Llegó finalmente el día esperado: 20 de Julio. Los astronautas Armstrong y Aldrin, pasaron al Módulo Lunar, quedando Collins en el Módulo de Mando. Se inició un descenso en un ángulo pronunciado, hacia la Luna. Mientras tanto Collins, sólo frente al Universo cuando volaba sobre el lado oculto de la Luna (las comunicaciones radiales se interrumpían) , giraba en torno de esta en una órbita de aparcamiento a 100 kms. sobre la superficie».
«Mis compañeros del CODE y yo estábamos en la Sala Principal del Control de Vuelo contigua al VAB. A través de la TV nos hacíamos eco del momento de tensión que cundía entre los responsables de la misión».
«La quietud y el silencio fueron totales cuando Armstrong dijo hallarse a 40 metros sobre el suelo lunar. Buscó el mejor sitio, para luego decidirse a descender en un punto relativamente «liso». Minutos después anunció: «Aquí, la Base de la Tranquilidad…el Aguila ha alunizado…»
«Allí estaban…300 años de ciencia les habían abierto el camino a las estrellas. En Cabo Kennedy las sirenas sonaron largo tiempo. El momento no se puede describir con palabras. Nunca olvidaré los rostros de los padres de los astronautas. Por TV se los veía, al igual que a las esposas e hijos de los intrépidos «lunautas». En ese momento recuerdo que observé a lo lejos la plataforma de lanzamiento…todo había comenzado allí, a 5 kilómetros».
«El momento me pareció irreal por un instante…»
«El resto de la aventura del Apolo 11 es por todos conocida, por lo que no abundaré en detalles. Eso sí, el Mundo no volverá a ser como antes. En el horizonte una nueva era comenzaba. La Era de la exploración del Sistema Solar por el Hombre».
«El 22 de Julio, cuando los astronautas iniciaban el regreso a su planeta natal, nosotros también salíamos de Cabo Kennedy. Emoción y nostalgia envolvían nuestras mentes mientras nos deslizábamos por la autopista A.1 A. observando las ya lejanas torres. El último en desaparecer de nuestra vista fue el VAB. Cabo Kennedy quedaba atrás…pero regresábamos con un hermoso material y el recuerdo imborrable de los días vividos en aquel lugar».
Epílogo
Como epílogo, tengo que decir que una semana después de llegar a Santa Fe, una encomienda me fue entregada. Tenía el famoso emblema de la NASA. Al abrir la caja hallé un hermoso Globo Lunar de 35 cm. de diámetro, con los accidentes lunares en relieve. Era un obsequio del mismísimo Wherner von Braun, tal como lo había prometido.









