Cada 27 de marzo, el mundo celebra el Día Mundial del Teatro, una fecha establecida por el Instituto Internacional de Teatro para honrar la importancia de este arte a lo largo de la historia. En El Trébol, la pasión por el teatro tiene profundas raíces, que se remontan a principios del siglo XX.
Antecedentes sobre teatro en El Trébol
Hay que rastrear en los libros de actas y archivos de la Sociedad Italiana (los de la Asociación Española se perdieron), el municipio y las escuelas, lo mismo que en la memoria de antiguos vecinos, para encontrar alguna mención a presentaciones de grupos de aficionados al teatro en las fiestas patrias, aniversarios y celebraciones de estas instituciones.
De la documentación existente de la antigua Comisión de Fomento se rescata que en marzo de 1900 el empresario Juan Gautier solicitó permiso para actuar con su compañía de fantoches.
Domingo Piccolo, que llegó en 1916 al pueblo para ejercer como docente en la escuela Laprida, recordaba que en agosto de ese año se representó en la Asociación Española una obra que no pudo precisar si se titulaba Flor de un día o Rosa de azafrán.
De ese mismo año Piccolo mencionaba, con sentido muy crítico por la pobre impresión que se había llevado, que el 20 de septiembre, en la evocación de la unificación italiana, en la Sociedad “Estrella de Italia” se habían ofrecido dos obras, una de ellas, precisamente, sobre la entrada en Roma de las tropas del rey Vittorio Emanuele.
La llegada a El Trébol de Eugenio Caravatti para dirigir el recién creado Taller de Trabajo Manual para alumnos de primaria significó en 1919 un nuevo impulso para la actividad teatral en la localidad y en una velada del 16 de enero de ese año se representaron Chateau Margaux y El divino tesoro, con la actuación del mismo Caravatti, Persio de Angelis y Domingo Piccolo.
Otra presentación fue la de las obras La Purísima y El precio del amor, en la que a los mencionados se sumaron Victoria Pochettino, Guillermina Kaetsner y Cayetano Lépore.
Habrían de transcurrir algunos años más para encontrarnos con otra representación documentada. Ocurrió en diciembre de 1936, cuando el ya mencionado Ángel Gramatica, aquel actor al que un circo ambulante que entró en quiebra dejó en El Trébol, en la celebración de las bodas de Plata sacerdotales del titular de la parroquia San Lorenzo Mártir, presbítero Joaquín García de la Vega, puso en escena la obra Covadonga, en la que lo secundaron Roberto Aguilera, Juan Carlos Casañas y Adolfo Ceballos.
De ese grupo original, con el que se logró comenzar a darle continuidad a la actividad teatral en la localidad, también formaron parte dos hijas de Severo Urruchúa, Ricardo Calcagno, Adino Boasso, Miguel Jaime y José Grand, entre otros.
El teatro como expresión artística
Aunque en El Trébol hubo expresiones teatrales a cargo de entusiastas y circunstanciales aficionados locales desde el comienzo de su historia, particularmente desde que nació la Sociedad Italiana, en los aniversarios patrios y en las romerías españolas, fue recién en la década de 1940 cuando la actividad comenzó a tener continuidad activa con la conformación del grupo de teatro vocacional José Ingenieros.
En esos años, en un circo de los que ofrecían funciones con dos actos, el primero con las artes tradicionales en el picadero y el segundo con una obra de teatro, llegó a la localidad Ángel Gramática, un actor que se quedó un tiempo en el pueblo y creó con los integrantes del José Ingenieros y otros jóvenes de la época el Cuadro Filodramático Florencio Sánchez, que luego continuó como Cuadro Filodramático del Club Trebolense en el Salón Cervantes adquirido por la institución.
Gramática siguió su camino de cirquero trashumante, pero la semilla que dejó había caído en tierra fértil. Sus discípulos continuaron montando obras de teatro costumbrista bajo la dirección de Pedro Aguilera y Aldo César Bordigoni.
Tras su muerte, el primero fue sustituido por Eraldo Aragno, y cuando también falleció Bordigoni –en 1982–, lo sucedió su hijo Abel, que con elenco renovado incursionó en nuevas técnicas y modalidades como la sátira (“Drácula”), el café-concert, el teatro negro (“Historia de un boxeador” y otras), ahora bajo la denominación de Elenco Teatral Aguilera-Bordigoni, responsable de los memorables festivales anuales de teatro callejero que se sucedieron en la década de 1990 y, junto con Ida Gori, de la creación de la Escuela de Circo Criollo en la que se formaron varios jóvenes y niños de la época.
Tres recordados directores
Pedro Aguilera
Pedro Nicanor (Perico) Aguilera estuvo durante veinticinco años compartiendo con su amigo Aldo César Bordigoni la dirección del Cuadro Filodramático del Club Trebolense en el que se formaron quienes los sucedieron en la tarea, como lo fueron Eraldo Lalo Aragno, Ángel El Negro Gramaglia y Abel Páchula Bordigoni.
De todos ellos, el Teatro Cervantes fue su segunda casa.
Perico, miembro de una familia de once hermanos, nació en Las Rosas el 4 de mayo de 1912, estableciéndose después en El Trébol, donde su padre Nicanor había obtenido empleo como portero de la escuela Belgrano.
Su madre fue Clementina Tetamantti, sostén espiritual de una familia muy humilde, lo que hizo que Perico cursara el ciclo primario sólo hasta cuarto grado, ya que luego tuvo que trabajar para ayudar en la economía del hogar.
Así, con sólo 13 años de edad ingresó como cadete a la tienda “La Israelita”, de Simón Etbul, donde trabajó toda la vida llegando a ser socio del negocio.
A pesar de no haber podido completar la escuela primaria, Perico fue un entusiasta lector y un apasionado del arte escénico, lo que lo llevó a conformar con un grupo de jóvenes como él el Centro Cultural “José Ingenieros” y la Biblioteca Popular “Doctor José Llobet” que el 25 de mayo de 1945 (acta número 354) se incorporaron al Club Atlético Trebolense con el carácter de subcomisión con él como presidente, Uvaldo Massa como secretario y Carlos Pozzi como tesorero.
Paralelamente, su interés por la educación lo llevó a imaginar el funcionamiento en Trebolense de un instituto universitario que no llegó a hacerse realidad pero puso de relieve su preocupación por el desarrollo intelectual de la juventud.
Iniciativas como ésa estaban en línea con su adhesión a los ideales del justicialismo, lo que lo llevó a ser miembro fundador del Sindicato de Empleados de Comercio de El Trébol y activo participante, en calidad de presidente provisorio, de las reuniones encaminadas a constituir años después el Centro de Empresarios, Profesionales, Agropecuarios y Artesanos (Cepaa).
Pedro Aguilera falleció el 1º de agosto de 1976. Estaba casado con Ana Reschini, con quien había tenido dos hijos: Osvaldo Mario y Pedro Fernando.
Este último recuerda de su niñez, a principios de los años 50, repisas modulares y placares atiborrados de papeles del Sindicato de Comercio, fotos y libros de Perón y Evita, documentos relacionados con Trebolense y, sobre todo, libretos de obras de teatro en grandes cantidades.
Así fue la vida multifacética de Perico, en la que la actividad teatral constituyó el cauce para las inquietudes del espíritu que colmaron su existencia.
Abel Bordigoni
Abel Alberto (Páchula) Bordigoni nació en El Trébol el 29 de enero de 1950 y se crio gateando en el escenario del Teatro Cervantes cuando todavía pertenecía –como Salón Social– al Club Trebolense.
Su padre Aldo César Bordigoni codirigía con Pedro Aguilera el Cuadro Filodramático y Abel, como su hermano mayor Aldo José (Aldito) incorporaban el teatro como una actividad cotidiana, tan natural como es, para el común de los niños, jugar a la pelota o a las bolitas.
El drama, la comedia, el teatro costumbrista se le metieron en la sangre mientras los integrantes del elenco ensayaban sus papeles, las vestuaristas preparaban los atuendos adecuados a cada obra, los directores discutían la escenografía, los apuntadores repasaban el guion a poner en escena y el decorador del elenco pintaba los telones que darían marco a cada cuadro.
Heredero de esas vivencias, Abel no pudo ser otra cosa que actor. Mientras su hermano acudía a la universidad, convocado por la vocación médica, Páchula fue empleado bancario, hizo publicidad ambulante y desarrolló otras actividades que le permitieran sostener una familia sin dejar de ejercer su pasión, a la que dedicó estudio, capacitación y perfeccionamiento mientras desarrollaba su impronta en memorables y sorpresivas apariciones como aquella en la que ingresó, bamboleándose, en una “reunión danzante” como se llamaba a los bailes de la época y se desplomó de bruces en medio de la pista con un tremendo cuchillo de carnicero clavado en la espalda.
Cuando se levantó, burlándose de los azorados circunstantes, mostró el pan que había fijado en su espalda, debajo del saco, para que sostuviera el arma en una posición verosímil.
Bordigoni hacía reír, pero se lo tomaba en serio. En los años del café concert –fines de los 60, principios de los 70– ideó farsas como Drácula, en la que satirizó la novela de Bram Stoker, incursionó luego en la técnica del teatro negro de Praga mediante las cuales cual puso en escena libros de su autoría como Historia de un boxeador, reeditó con una nueva camada de actores locales las viejas obras costumbristas que habían actuado sus antecesores, viajó por el país, estudió con destacados maestros y fue vinculándose con colegas a los que después, en la década del 90, convocó para hacer realidad los recordados encuentros y festivales anuales de teatro callejero que durante toda una jornada mostraban a lo largo del bulevar América, la avenida Libertad y en distintos escenarios y espacios públicos de la ciudad, sin excluir los barrios, la más amplia gama de manifestaciones del arte popular.
Desaparecidos Perico y después su padre, a Abel le tocó asumir la conducción del Elenco Aguilera-Bordigoni y desde ese lugar sumar a la rutina teatral el funcionamiento de la Escuela de Circo Criollo del Club Trebolense, en la que formó a nuevos actores, entre ellos sus hijos Ulises y Leonardo, en las artes del entretenimiento y las habilidades como el trapecio, la mímica, la soga indiana, las contorsiones, el malabarismo y, claro, el desempeño actoral sobre las tablas.
Su muerte prematura, el 25 de septiembre de 2001, impidió saber hasta dónde hubiera llegado con su dedicación e ingenio, pero las huella que dejó aún no pudo ser igualada por nadie.
Su sepelio, con un cortejo de payasos tristes, con estandartes y banderas y con actores sobre zancos con sus ropajes al viento, quedó grabado en las retinas de quienes asistieron a este último acto y en las fotos que testimonian la caída del telón sobre una etapa sobresaliente del teatro en El Trébol.
Delfor Bertaina
Delfor (Gogo) Bertaina, nacido en El Trébol el 27 de marzo de 1936 y fallecido en la ciudad el 6 de enero de 2013, inició su trayectoria teatral actuando por primera vez a los quince años en la comedia Los millones de Lozano, presentada en 1951 por el Cuadro Filodramático del Club Atlético Trebolense. En esa misma velada recitó un poema gauchesco, género de su predilección.
Todo lo que aprendió de teatro en esa época lo recibió del asesoramiento de dos directores que aún hoy gran parte de la población recuerda: Pedro Perico Aguilera y Aldo César Bordigoni.
Aparte de la ya mencionada actuó en otras obras como El peor de la escuela, La cucaracha, Santa Brígida (comedia dramática), Bodas de Plata y soltera, Regalo de boda (drama), Un bebé de París, Al marido hay que seguirlo y Bendita seas, drama que fue puesto en escena cinco veces en El Trébol y luego representado en las vecinas localidades de Cañada Rosquín y Carlos Pellegrini.
En esta obra Gogo, que tenía apenas veinte años, encarnó a un anciano de ochenta, logrado merced al trabajo de maquillaje y caracterización que realizó Aldo Bordigoni a pesar de no contarse entonces con la profesionalización ni los recursos que actualmente facilitan la tarea.
Bertaina actuó también otras obras breves, de las cuales, en muchos casos, no se conservan programas ni fotografías, y en 1995 inició su actividad como director, encabezando el grupo de teatro que habían creado padres de alumnos de la escuela Laprida.
Allí dirigió Dos señores atorrantes, La tía de Carlos, Los maridos engañan de 7 a 9, ¡Qué noche de casamiento!, Tiburón, Los maridos de mamá, Balada de los tres inocentes, Esperando la carroza y Al marido hay que seguirlo, obra que había actuado en su juventud.









