El corazón de El Trébol latió al ritmo universal de la danza este 29 de abril, en conmemoración del Día Internacional. Lejos de los escenarios tradicionales, la intersección de Bv. América y Emilia Bertole se transformó en un vibrante lugar donde el Ballet El Trébol, sus alumnos, familiares y un público entusiasta se unieron en una sentida celebración de este arte que trasciende fronteras y palabras.
La visión de Jean-Georges Noverre, el padre del ballet moderno, resonó con fuerza en cada movimiento, en cada sonrisa compartida bajo el atardecer otoñal. La danza, esa forma de expresión ancestral y siempre renovada, se ofreció generosamente a los transeúntes, recordándonos su poder para comunicar emociones profundas y unir corazones.
Graciela Pons, la apasionada directora del Ballet El Trébol, irradiaba felicidad al ver la convocatoria y el espíritu festivo. Sus palabras, cargadas de convicción, expresaron a los micrófonos de FM del Sol: «En tiempos que las cosas parecen imposibles, son posibles, porque uno las hace posibles. El día de la danza es un gesto universal de proclamar por la paz y El Trébol está presente como lo estuvo siempre. Estamos felices y ¡que viva el día de la danza!».
La emoción se palpaba en el ambiente, en los jóvenes bailarines entregando su arte con pasión y en las miradas orgullosas de sus familias. La danza se convirtió en un lenguaje común, uniendo generaciones y sensibilidades en un abrazo colectivo.
Víctor Recalde, con la sabiduría que otorga la trayectoria, resumió el espíritu de la jornada con una frase concisa pero profunda: “La energía no se pierde nunca. La herencia continúa”. Sus palabras fueron un reconocimiento al legado de la danza, a la transmisión de la pasión y el conocimiento de una generación a otra, asegurando que este arte vital siga floreciendo en El Trébol.
La celebración del Día Internacional de la Danza en las calles de El Trébol fue mucho más que una exhibición artística; fue una declaración de principios, un canto a la paz, una celebración de la continuidad y, sobre todo, una demostración del poder unificador y emotivo de la danza. En cada paso, en cada giro, la comunidad reafirmó su conexión con este lenguaje universal que enriquece el alma y embellece el mundo. El Trébol bailó, y al hacerlo, nos recordó la belleza de lo posible.









